La gente suele tener miedo a los monstruos que duermen bajo su cama; pero, si a algo hay que tenerle pánico en la vida, es a la mosca. La mosca puede hacernos sufrir como ella sólo sabe. Nos torturará en un insufrible camino hacia el suicidio. Jugará con nosotros y seremos sus títeres si ella quiere.
Depende de nosotros encontrarnos con una o no, la diferencia entre vivir y morir, entre matar y morir. Debemos vigilar cada sitio en el que estemos, cada esquina que crucemos, cada objeto que cojamos, cada arma que empuñemos. Pero, si algún día te encuentras con una mosca, huye. Da igual que no hubiera testigos, la mosca lo vio. Da igual lo fuerte que seas, la mosca vencerá. Da igual lo sano que estés, la mosca cavará tu tumba. No intentes, bajo ningún concepto, intentar matar a la mosca; pero, si por algún casual lo consigues, la mosca ya te habrá consumido lo suficiente; la camisa de fuerza no te dejará disfrutar de tu victoria, y bajo tu cama sólo hallarás más moscas.
jueves, 17 de abril de 2014
lunes, 3 de marzo de 2014
Querer es vivir.
Estuve sentado delante de este texto
y no valió para nada.
Las horas pasaron mientras pensaba,
y sin pensar en nada, nada pasó.
Quise llegar más lejos,
pero mis piernas pararon.
Quise tener éxito,
y mi fama quebró.
Quise poder,
y sólo pude querer.
Querer es mi camino,
y mi camino terminó.
Cambié de rumbo sin querer,
pero ya no pude volver.
Todo se tornó hacia el gris,
y el blanco no apareció.
Escuché un murmullo tras de mí,
pero no les hice caso.
Siguieron molestando,
y mi razón estalló.
Quise vivir,
pero la vida no se inmutó.
Quise morir,
y mi corazón no se movió.
y no valió para nada.
Las horas pasaron mientras pensaba,
y sin pensar en nada, nada pasó.
Quise llegar más lejos,
pero mis piernas pararon.
Quise tener éxito,
y mi fama quebró.
Quise poder,
y sólo pude querer.
Querer es mi camino,
y mi camino terminó.
Cambié de rumbo sin querer,
pero ya no pude volver.
Todo se tornó hacia el gris,
y el blanco no apareció.
Escuché un murmullo tras de mí,
pero no les hice caso.
Siguieron molestando,
y mi razón estalló.
Quise vivir,
pero la vida no se inmutó.
Quise morir,
y mi corazón no se movió.
sábado, 15 de febrero de 2014
Miénteme.
Venga. Hazlo de una vez. Miénteme, sé que lo estás deseando. Dejaré que lo hagas. Una vez. Y otra. Y otra... . Dime que el cielo es rojo; que los pájaros no vuelan; que el agua es negra y que me quieres. Ríete de mí en mi cara y hazme sentir cómplice del poco original mundo que te has montado. Haz trabajar a tu intelecto desperdiciando las neuronas mientras ideas excusas tan simples y tontas como inverosímiles. Proyecta todos tus traumas y problemas de antaño en una frase que haga romper cualquier relación. Piensa que sales ganando. Piensa que eres invencible. Piensa que será la última vez que mientes, que no volverá a pasar. Piensa que gracias a tus mentiras todo volverá a ser como antes. Piensa que duermes bien por las noches. Piensa que ahora viene lo bueno. Piensa que no son más que palabras el contaminado veneno que sueltas por esa boca que una vez quiso tener dueño. Piensa que tus mentiras ayudarán a algo o alguien, que son útiles al fin y al cabo. Piensa que no mientes; pero cuando todo acabe, el cielo seguirá siendo azul, los pájaros continuarán volando, el agua se mantendrá incolora y yo permaneceré esperando.
viernes, 31 de enero de 2014
Arrebato suicida.
Ese momentos en el que el alma duele. El instante en que las cicatrices se abren a la vez y rompes a llorar. Ese momento que vives intensamente mientras miles de miradas observan desde la penumbra, en la distancia, cómo tu garganta se desgarra produciendo gemidos de desesperación. Ese mismo segundo en el que te encuentras cayendo infinitamente en el infierno donde yacen tus errores. Ese minuto después donde tus ideales cambian por completo. Esa ocasión en la que tu propia mente te incita a destruir tu mundo. Esas horas lentas que eres, por ser algo, una bestia. Ese momento en que tus pies evitan tocar el suelo, tu cuello se sujeta a una cuerda por vértigo, tus manos sueñan con objetos punzantes y tus ojos admiran la obertura de la ventana. La tensión de tus venas marcadas en tu sensible piel. El relajante baño de lágrimas. El estrés del ahora y el agobio del después. La duda de quién eres en realidad. El trance por el que pasas con el objetivo de generalizar tu odio. Ese instante que determina tu siguiente destino y tu siguiente víctima. Ese momento en el que las estrellas te susurran. Pero, ¿qué más da? El cielo está muy lejos, ¿no?
miércoles, 22 de enero de 2014
Infarto.
Sí...está pasando. Está pasando otra vez... . Mis ojos paran de parpadear un buen rato. Sin darme cuenta, las manos, sudorosas, se mueven nerviosas y vibrantes. Enciendo la luz, pues el Sol que aparecía en mi ventana no alumbra lo que debiera, al menos desde mi punto de vista. El cielo y las nubes se me antojan oscuros. A pesar de la recién sumada luz de la bombilla de mi habitación, mis ojos siguen transmitiéndome esa cortina negra opaca allá por donde miro. Empiezo a moverme de manera inquieta mientras me estiro el cuello de la camisa hasta el punto de hacerle una visible obertura; no puedo respirar. Las bocanadas de aire que tomo son inútiles, noto como mis pulmones se asfixian. De repente no veo nada. Entonces lo veo todo. Ya no veo folios cayéndose al suelo, veo placas gigantescas y pesadas desestructurando casi imperceptiblemente las baldosas que piso, causando un estruendo en mis oídos. No siento el aire, siento como diminutas moléculas de sustancias que desconocía acometen contra mi cuerpo hasta filtrarse en mi piel. Veo como esos monstruosos gérmenes me abren los poros y se cuelan en mi organismo. Escucho a todas las personas del mundo gritar a la vez. La molestia que supone oír a todo ser vivo respirar como si estuvieran a mi lado. Huelo todos los perfumes de toda la gente que vive en mi edificio. Capto como una mota de polvo genera una intensa explosión al caer sobre el sofá de mi vecino. El aletear de una mosca a tres kilómetros me está agrietando el cráneo; sin embargo, intento gritar pero es en vano. Siento que la sangre se apelotona recorriendo mis delicados vasos sanguíneos cada vez más rápido. Escucho el latido de mi corazón. Siento como se triplica de tamaño en menos de un segundo, para, seguidamente, volver a su estado natural. El mismo proceso se repite durante milésimas de segundo, cada vez más rápido. Lo escucho quejándose de hacer lo mismo todos estos años. Noto como mi cara se arruga cada vez más, a medida que pasan los segundos. El tic-tac del reloj de pared del salón me lo recuerda. Llevo haciéndome viejo desde que nací, y ahora lo veo todo. Soy capaz de percibir como el oxígeno, partícula a partícula, huye de mis pulmones, haciéndome el vacío. Noto una cascada de líquido rojo brotando de mis oídos. No escucho nada. La luz brilla al fin, abrazando mi cara e iluminando cada milímetro de mi piel, haciendo que mis ojos se emblanquezcan. No veo nada. De repente, mi cuerpo da una sacudida y caigo al suelo. No siento nada.
viernes, 17 de enero de 2014
Tan sencillo y tan complicado.
Descansar en la intemperie, abrazando el Sol.
Escuchar tu murmullo leyendo mi corazón.
Percibir la rojez de tu tez al descubrir
el final de una historia que no acaba, porque ya acabó.
Esperar sentado a que llegue el pasado, pasar de todo.
Porque cada segundo que respiras queda marcado.
Mirar embobado como las nubes mojan mis manos.
Tan sencillo y tan complicado.
Subir al cielo para verme tan pequeño como una hormiga.
El abrazo después del "digan lo que digan".
Recostarme en mi propio regazo,
pues esta habitación vacía aclama libertad en un estado presequía.
Seguir los pasos que nadie nunca dio.
Hacerlo y no recordar qué es lo que sucedió.
Ser mundialmente famoso por y para alguien.
Dejar de sentir y que los problemas pasen.
Tumbarme en una hamaca y saber
Tumbarme en una hamaca y saber
que si estoy aquí es por mí y no por nadie.
Que en el infierno me aclamen.
Volar hasta el fin del mundo y sentirme protegido.
Fingir arrepentimiento detrás de un intento de suicidio.
Observar mi vida y sentirme aterrado,
pasar del enfado y saber que la he cagado.
Querer recorrer mil galaxias recostado.
Tan sencillo y tan complicado.
Estudiar mis huellas como un desconocido.
Bajar al centro de la Tierra en vacaciones.
Aparecer en la cama sucio y medio poseído.
Sufrir un atraco de celos entre mis pasiones.
No saber dónde estoy ni a quién saludo.
Esperar impaciente y atento al momento perfecto.
Hablar conmigo mismo indeciso como un mudo.
Perdonarme a mí mismo por si luego no lo siento.
Jugar al billar con mis neuronas.
Perfeccionar mi estilo de vida y ver como se distorsiona.
Estornudar estos versos secos y punzantes.
Pensar que dentro de unos años no se recordará al causante.
El riesgo que se corre al abrir la boca.
La megalomanía que me pega cuando soy yo el que se equivoca.
Toser a escondidas para que no me juzguen.
Decir lo que todos esperan para que se apeguen.
Leer los versos de un asesino con la luz apagada.
Dejarte caer en el abismo y romper con lo pactado.
Sentir el alivio del alma desahogada.
martes, 14 de enero de 2014
Estoy cansado.
Parece que el momento llega, pero me canso de mí mismo. Me concentro en la primera lágrima que cae ,y me canso de llorar. No me acostumbro a la monotonía que abarca la existencia.Y me canso de no cambiarlo.Y me cansa el intentarlo. Me cansa dormir y me cansa despertarme. Salir por ahí para ver lo que ya he visto. Me cansa cavilar sobre mi futuro de la misma manera que me cansa recordar lo vivido. Lo vivido... me cansa haber vivido. Me cansa estar vivo para no morir y me cansa morir y saber si estoy muerto o no. Me cansa no poder hablar conmigo, aunque sólo sea para explicarme por qué, de una forma u otra, cambió todo. Me cansa no saber por qué dejasteis de hablarme, de responderme y de mirarme. Quizás estéis cansados, y no os culpo, aunque me cansa perdonar. Me cansa pensar que nunca dejaré de estar cansado. Me cansa pensar de qué manera dejaré de estarlo.
Me cansa pensar...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





.jpg)

